
Como recurso momentáneo, pueden constituir una esporádica solución. Pero no debe confiarse demasiado en sus resultados, porque les falta este toque de verdadera efectividad que solamente una fórmula profesional puede ofrecernos. No obstante, como curiosidad, y para ese posible caso de emergencia de que hablábamos anteriormente, vamos a indicar algunas mascarillas de las que se usaban cuando todavía la cosmética era algo privativo de las altas esferas.
Una clara de huevo bien batida, y aplicada con un pincel sobre un cutis graso, ayudará a contraer momentáneamente los poros dilatados, atenuando surcos y flaccideces, debido a la acción constrictora que ejerce al secarse sobre la piel. Debe retirarse a los 15 minutos, tal como lo haríamos con un preparado normal.
Mezclando una yema de huevo con una cucharadita de aceite de oliva y otra de zumo de limón, obtendremos una mascarilla “de emergencia” para las pieles secas y deshidratadas. Se retira a los 20 minutos, con abundante agua tibia.
Las pulpas de frutas o verduras frescas, aplastadas con un tenedor o, si es posible, pasadas por la batidora, se aplican sobre el rostro, bien directamente, bien en forma de compresa mediante una gasa esterilizada. Vamos a detallar algunas, con la indicación de sus propiedades. El pepino, la zanahoria, la lechuga, la uva, la patata, el albaricoque y la manzana suavizan y refrescan las pieles secas, deshidratadas y sensibles. Las fresas pueden ser adecuadas en algunos casos, pero pueden originar síntomas de alergia en las personas que las digieren mal. El tomate y la sandía son apropiadas para los cutis manchados. La guinda, la naranja y el pomelo son indicados para los cutis grasos y, finalmente, el plátano y el melocotón lo son para pieles normales, con tendencia a piel seca. Siempre, después de su aplicación (de 15 a 20 minutos), se enjuagará abundantemente el rostro.

En el caso de una piel marcadamente mixta pueden emplearse dos tipos de mascarillas aplicando a cada zona la que le convenga por sus características particulares. También pueden tratarse estos cutis con una mascarilla de tipo suave (como las que se emplean para el mantenimiento de una piel normal), que aplicaremos con más frecuencia en la parte grasa, y más espaciadamente en la seca. Por ejemplo, si acostumbramos a usarla semanalmente, es aconsejable que una semana la pongamos solamente en la zona central, y a la siguiente por todo el rostro. Ello nos dará un ritmo de aplicación quincenal para la parte seca, que en este caso la precisa menos que la seborreica.
Hemos reservado para el final de este apartado el comentario sobre las tan socorridas y usadas mascarillas caseras. Evidentemente algunas de ellas son eficaces y pueden ser empleadas en un momento en que, por la circunstancia que fuere, no tengamos a nuestro alcance ninguna de las que, científicamente preparadas, existen en el mercado. Incluso observaremos que en la formulación de la mayoría de ellas existen productos naturales que están a nuestro alcance, por lo que puede parecer sencillo, más económico y hasta divertido el hecho de que las elaboremos nosotras mismas, siguiendo recetas y dosis que puedan orientarnos. Todos estos razonamientos no carecen de lógica. Ahora bien; imaginemos a una señora con un tipo estupendo, que quiera lucir un bonito traje para una ocasión especial. Ha adquirido una tela de calidad, elegido un modelo favorecedor y cuenta con los accesorios apropiados para, en la confianza de que tiene cierta habilidad para la costura, confeccionarse ella misma el vestido. Lo hace y… “le queda bastante bien”. Sinceramente, ¿estamos seguras de que el “modelito casero” podrá competir con los trajes confeccionados por modistas de reconocida profesionalidad que lucirán las demás damas asistentes a la reunión? Lógicamente, no. En el mejor de los casos habrá “salido del paso”, nada más. ¿Por qué? Pues precisamente porque carece de técnica, de preparación profesional y de práctica. Este ejemplo “modisterü” pensamos que puede explicar, sin más comentarios, el porqué cada día se aconsejan menos las preparaciones hogareñas, en cuanto a productos de belleza se refiere.

Las mascarillas llamadas “plásticas” están indicadas para las pieles que precisen de una ligera descamación superficial que unifique su textura y color. La mascarilla se desprende de una sola pieza, de forma que queda presentando los orificios correspondientes a los ojos y la boca.
Con productos naturales pueden prepararse mascarillas caseras, que, aunque no igualan la eficacia de las fórmulas profesionales, son un recurso fácil y económico. Una mezcla de yema de huevo con una cucharadita de aceite de oliva y otra de zumo de limón está indicada para pieles deshidratadas y secas. La pulpa de tomate actúa benéficamente en los cutis manchados ¡inferior derecha). Una clara de huevo bien batida conviene a las pie/es grasas

La manzanilla, tanto en aplicaciones locales como si se ingiere para paliar alguna molestia digestiva, debe su acción calmante a una sustancia llamada szuleno. Pues bien, el azuleno pierde toda su eficacia con la ebullición, es decir, que si la manzanilla se ha dejado hervir (con lo cual va tío seria verdaderamente una infusión), este elementq no producirá ya el resultado que de él se espera. Existen mascarillas, conocidas con el nombre de “plásticas”, que al secarse quedan adheridas al rostro de tal forma que, para retirarlas, es preciso despegarlas, arrancándolas con cuidado a partir del pequeño reborde formado por el producto al secarse. Para ello se parte o bien de un lado de la cara (de izquierda a derecha) o bien de la base del cuello, en sentido ascendente. Si procedemos con destreza y si previamente se ha sabido repartir con uniformidad (son de las que se extienden con pincel), lograremos desprender la mascarilla de una sola pieza, que al quedar en nuestras manos presentará tres orificios, correspondientes a los ojos y la boca. Estas máscaras resultan muy eficaces para el tratamiento de las pieles asfícticas, así como para todas aquellas pieles que precisen de una ligera descamación superficial que unifique su textura o color (tratamiento de señales de un acné ya curado, aclarado de manchas de embarazo, hepáticas o producidas por una mal dosificada exposición al sol, etc.). Su eficacia queda explicada por el hecho de que al despegarse arrastra consigo las células muertas, partículas de grasa endurecida y pequeños comedones que taponan la piel y le restan nitidez y tersura. Esta clase de máscaras también se emplean en los institutos de belleza para intensificar la penetración de un producto biológico. Pero no adelantemos acontecimientos, que ya trataremos de ello en el apartado correspondiente.

La mascarilla nunca debe usarse cotidianamente. Su frecuencia de aplicación depende de muchos factores. Lo mejor es cumplir las indicaciones que lleva detalladas el prospecto de cada una de ellas, así como seguir el consejo de la esteticista, que habrá comprobado la particular necesidad que de este tratamiento complementario cada una de nosotras pueda tener. Una aplicación semanal suele ser lo más corriente, si bien, repetimos, que en este, como en la mayoría de casos, no es posible generalizar.
Antes de “instalar” la mascarilla sobre nuestro rostro y cuello procederemos a una cuidadosa limpieza y tonificación del mismo. Si el producto es de consistencia cremosa, lo aplicaremos de igual forma que actuaríamos con una crema, pero sin intentar hacerla penetrar, lo que, por otra parte, no llegaríamos a conseguir. Si el producto es muy fluido o gelatinoso, nos serviremos de un pincel especial, que podremos adquirir en una buena perfumería o en el propio instituto de belleza. Debemos dejar al descubierto el orbicular de los ojos (un círculo de aproximadamente un centímetro y medio alrededor de los mismos) y evitar que el producto llegue hasta los labios o que penetre en las fosas nasales. Transcurridos de 10 a 20 minutos (esto como norma general, puesto que la permanencia en contacto con la piel depende de cada producto y de sus instrucciones particulares), se retirará la mascarilla con dos rectángulos de algodón embebidos en agua tibia, que se irán enjuagando hasta conseguir que el rostro quede completamente limpio. Mientras se lleva la mascarilla es conveniente estar completamente inmóvil, sin hablar, y, a poder ser, acostada, con los pies más altos que la cabeza, y en una suave penumbra.
Para “redondear” el éxito de este tratamiento, muy particularmente cuando lo que buscamos es el efecto inmediato del mismo, es interesante descongestionar los ojos y su periferia, a fin de conseguir una mirada más límpida y vivaz. Para ello, durante los minutos de relax a que antes nos hemos referido, colocaremos sobre los párpados cerrados unos tampones de algodón embebidos en un tónico descongestivo (de los que se emplean para las pieles sensibles) o en una infusión sedante, como puede ser, por ejemplo, la de tila o manzanilla. Y ya que hablamos de esta última infusión, se nos ocurre comentar algo a lo que posiblemente no hemos dado importancia hasta el momento, por desconocer su verdadera utilidad.

Una de las inestesias más frecuentes en el cuello es la que se conoce como doble barbilla. Al igual que la aparición de algunas arrugas, la doble barbilla puede deberse a una mala postura habitual, que es preciso corregir con un poco de atención y voluntad.
Se ha de aplicar la mascarilla con cuidado, dejando libres los orbiculares de los ojos un círculo de centímetro y medio aproximadamente, labios y fosas nasales.
Mientras se lleva la mascarilla es conveniente permanecer inmóvil, sin hablar y a ser posible acostada, con los pies algo más altos que la cabeza. Para descongestionar los ojos y su periferia, protegeremos los párpados con unos lampones de algodón embebidos en un tónico descongestivo o en una infusión sedante.
Existen mascarillas emolientes, adecuadas para pieles frágiles, que tienen la particularidad de no secarse del todo, quedando con una consistencia gelatinosa que soslaya el peligro de una excesiva estimulación.

Posiblemente el empleo de las máscaras de belleza sea uno de los ritos más antiguos de estética femenina. Su uso se ha mantenido a través del tiempo, aun cuando su preparación y variedad hayan evolucionado notablemente. Del amasijo de miga de pan y leche de burra que, según refiere la historia, se aplicaba Popea, a las mascarillas científicamente preparadas de hoy en día, distan veinte siglos. Salvando, pues, la abismal diferencia que existe entre aquellas inefables preparaciones y las actuales fórmulas, es evidente que una práctica que ha subsistido a través de tantos años es digna de tenerse en cuenta y de ser analizada con atención.
A diferencia de las cremas de tratamiento, las mascarillas deben permanecer sobre la piel, a la que se amoldan (de ahí su nombre), gracias a su excipiente respectivo. Éste puede estar constituido por diferentes sustancias, según sea el resultado concreto que se persigue, pero siempre debe tener un efecto aislante y suavemente constrictor. No todas las mascarillas están formuladas para obtener idénticos resultados, ya que, dados los diversos tipos de piel, sería absurdo pretender que un mismo producto obrara con igual eficacia ante una u otra variedad de tegumento. La finalidad general de las máscaras de belleza es afinar la textura epidérmica, contraer los poros dilatados, afirmar los contornos faciales y atenuar arrugas y rictus. Estos efecto suelen ser comunes a todas ellas y se consiguen gracias a su función d tensado exterior. Los resultados se aprecian inmediatamente despir de su aplicación y constituyen la “gran solución” para aquella mujer que, por ejemplo, debe acudir a una reunión social y quiere (¿cómo no?) ofrecer un aspecto fresco y descansado, después de una jornada de trabajo y actividad.

De ahora en adelante, haga que su crema humectante sea aún más eficiente, especialmente si tiene la piel muy reseca. Para conseguirlo, comience la aplicación con un masaje relajante de bienvenida en el cuello y la nuca para desbloquear esas zonas de tensiones y lograr así una mayor receptividad del producto en la piel.

En realidad para saber cuál es el zapato ideal habría que ver el pie de cada persona pero las siguientes premisas pueden ser tenidas en cuenta:
■ Que exista taco pero que no sea muy alto.
■ Evite los cordones apretados porque producen rozaduras.
■ No opte por materiales muy rígidos ni muy flexibles. Que sean transpirables pero resistentes.
■ Cambiar de zapato según la actividad que se realice (paseo, trabajo, gimnasia, etc.).
■ Comprar zapatos para sus pies, además de para sus ojos, es una buena filosofía para evitar males mayores.
En definitiva encontrará que al comprar el calzado adecuado, atractivo y sensitivo se resolverán los problemas de dolores crónicos y cansancio.

Para tener un cabello radiante tome los siguientes consejos:
Cuando quiera o necesite que el cabello luzca brillante, sedoso y sin frizz, después de lavarlo en la ducha, coloque el aconcionador, y pase el peine o cepillo iniciando desde un punto intermedio a la punta de su cabello para permitir la total penetración del producto y coloque una gorra de baño.
Báñese y cuando termine con la rutina, enjuague y vuelva a pasar el peine.