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Radicales libres en la piel

admin | belleza cuidado de la piel | Lunes, 17 junio 2013

Los radicales libres originados por las radiaciones ultravioletas son la causa de alteraciones patológicas. Se trata de moléculas muy reactivas que intervienen en muchos procesos metabólicos (oxígeno, radicales superóxidos e hidróxidos).
El control de su actividad se debilita con la edad y por exposición a los rayos ultravioletas, de modo que la secuencia de reacciones que se desencadenan provocan nuevos radicales libres.
Las teorías sobre los radicales libres los señalan como responsables del envejecimiento, por su interacción con otras moléculas. Desde el punto de vista del envejecimiento de la piel, sus efectos incluyen la peroxidación de lípidos con degradación oxidativa de los ácidos grasos polinsaturados, los efectos sobre la membrana proteica, ya que pueden producir la desnaturalización de las proteínas e interferir con las funciones celulares, así como el efecto sobre el colágeno, muy abundante en el tejido conjuntivo que soporta la epidermis, ya que parece que los radicales libres inhiben la síntesis de colágeno en los fibroblastos.

La piel, como órgano expuesto a la acción del oxígeno, a la radiación solar y a la contaminación, se convierte en un blanco perfecto para la formación de radicales libres que provocarán importantes alteraciones metabólicas. Las consecuencias a nivel cutáneo son la deshidratación, la pérdida de la elasticidad y la aparición de arrugas y manchas. Entre los mecanismos de defensa, destacan los de acción enzimática por la intervención de superóxido dis-mutasa (SOD), cuya contribución a nivel de la epidermis es inferior a la que se observa en otros órganos (corazón, hígado y ríñones) -seguramente debido a que estos no están expuestos a la radiación UV de la luz-, catalasa y glu-tatión peroxidasa.
Otros antioxidantes son capaces de controlar la lesión provocada por los radicales libres, destacando entre ellos la vitamina E, la vitamina C, antioxidantes extracelulares y otros como los carotenoides y retinoides, quinonas, bilirrubina y ácido úrico. La reparación natural por los mecanismos de defensa mantiene normalmente un equilibrio con la ayuda de enzimas y agentes reductores que conservan la célula en estado reducido, aun viviendo en un entorno aerobio. Con la edad y la reducción de la actividad de los mecanismos de defensa, el proceso de envejecimiento avanza inexorablemente.

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